Estación ferroviaria Ranquilco, en el ex ramal Temuco a Carahue

Una señalización en la carretera entre Nueva Imperial y Carahue nos indica que a nuestra izquierda se encuentra la Estación Ranquilco. Descendemos por el camino de tierra  y nos vamos dando cuenta que a ambos lados, disgregada se encuentra una gran cantidad de casas, que no obedecen precisamente a una población que haya crecido en una forma armónica y organizada.  

La construcción de la estación data de alrededor de 1905, cuando se trabajaba en la construcción del ramal Temuco a Carahue y es muy similar a las de Nueva Imperial y Carahue, sólo que el abandono y el paso del tiempo la mantienen en malas condiciones.

Un letrero nos indica que hoy parte de su construcción sirve de templo evangélico, algo similar a lo que pasa con la estación de Cullinco, en el que fuera el ramal Púa a Lonquimay.

María Villagrán, de Ranquilco

Cuesta encontrar gente a la vista por los alrededores, pero logramos tener una conversación con la señora María Villagrán, quien no vive en el lugar desde su niñez. Sus hermanas tienen viviendas casi frente a la estación. Recuerda que a fines de los años sesenta el tren pasaba por allí y ellas podían viajar con sus familiares a Carahue o Nueva Imperial.

Aquí nunca vivió mucha gente -nos dice-, sólo los integrantes del asentamiento “El Toqui”, tenían sus casas al otro lado de la línea. En el lugar no había ningún adelanto; no había escuela tampoco. Ellas hicieron sus primeros estudios en la Escuela Manzanal, ubicada un poco más al norte, hacia la ruta de Nueva imperial, donde a diario debían caminar por un sendero de tierra, junto a otros niños que vivían en el sector.

Nos comenta que el lugar en que hacíamos la entrevista era el camino hacia la bodega de ferrocarriles, por lo que hoy cuesta mucho cavar en ese lugar, debido a las piedras que se acumularon durante años en arreglos del camino.

No nos permite sacarle una foto, pero se despide gentilmente de nosotros y nos indica algunas casas del antiguo asentamiento, donde aún viven personas mayores que nos podrían dar algunos antecedentes interesantes.  

Francisco Alchao

Siguiendo con nuestras entrevistas llegamos hasta la casa de don Francisco Alchao, con quien iniciamos una entretenida conversación.

Nos recuerda que el nombre de este lugar originariamente en mapudungun era: Ranqlco, pero que más tarde se chilenizó como Ranquilco. Agrega que este nombre proviene de un pasto llamado ranquil que es un “moscacho”, que crece en los pajonales. Eso significa pasto y co: agua.

Hace algunos esfuerzos para recordar algunas de nuestras preguntas y nos dice:

Francisco Alchao de Ranquilco
Don Francisco Alchao
  • Yo llegue acá el 67. Entonces el tren corría por esta líneas. Era muy bueno. Ese era el tren de Carahue a Temuco. Era el transporte que había a Temuco y Carahue, porque el camino a Imperial estaba allá abajo, cerca del río, entonces cuando se hizo la carretera arriba, ya fueron eliminando el tren, porque todas las cosechas, maderas, cereales, todo lo que fuera cargaban los carros aquí. Había bodega, cargadores, aquí hubo mucho movimiento. Acá no había casas, eran ranchas de los cargadores de la estación no más.
  • Nosotros no vivíamos acá. Nosotros somos del sector reformado, esto era el fundo Ranquilco. Nosotros llegamos en el tiempo del presidente Frei Montalva. Entonces después como ya no hubo más tren, llegó gente a ocupar los lugares que quedaron desocupados, libres.
  • Ahora ya se está poblando, porque hay gente que se fue a Santiago, gente joven que hoy está volviendo a sus tierras.
  • Antes no teníamos iluminación, así que nos alumbrábamos con pura vela y chonchón. Más antes los bisabuelos de nosotros se alumbraba con coligües. El coligüe duraba más que una vela, eso se ocupaba cuando no había vela, y después ya tuvieron chonchón. Todos se fueron civilizando.
  • No, acá nunca vino un carro con frutas, como en otras estaciones más grandes, porque como le decía acá había puros cargadores no más.
  • Se traía mucha madera de la montaña. Hasta yo anduve fletando con bueyes y carreta. Daban vales para ir a pagarse donde el patrón en Imperial. Acá había un recibidor no más. En esos años puras carretas, camino no había. Este camino de entrada lo hicimos nosotros. Era un camino interno del fundo. Ahí donde bajó usted, había una vertiente, que nos costó mucho que se secara, pero siempre revienta la vertiente, a pesar que tiene cualquier ripio y escombros.
  • Finalmente le consultamos acerca del significado de su apellido, que es poco conocido. Reconoce que incluso en CONADI le habían puesto alguna dificultad cuando quiso sacar unas becas de estudio, porque su apellido ALCHAO no aparecía como mapuche. Reconoce que tampoco ha podido saber que significa y que algunos amigos están investigando su procedencia y significado.  

Nos despedimos cordialmente de don Francisco, a quien damos las gracias por haber tenido la gentileza de responder a nuestras preguntas y proseguimos nuestro camino. Ranquilco con su más que centenaria estación, ya sin rieles ni trenes, queda como un recuerdo de uno más de estos pequeños pueblos perdidos, que con mucho agrado damos a conocer a nuestros lectornautas.  

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

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