Raquel Parra, Raquelita, “La animita del Amor”

La tumba de Raquel Parra está en Victoria. La terrible tragedia de «Raquelita«.

El fervor popular crea sus propios mediadores(as) entre la Voluntad Divina y los sufrimientos humanos. Raquel Parra es una de ellas.

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Viviana, fervorosa devota de «Raquelita»

Aunque en todos los pueblos comienzan a alumbrarse en estos días las eternas moradas de los muertos, en cada cementerio hay una tumba modesta que permanece todo el año florecida y cálida por el fervor de la gente.

Son las infaltables “animitas” en cada camposanto creadas por ese mismo fervor popular que exige formarse imágenes más al alcance de las manos para que medie entre la voluntad divina y el sufrimiento del hombre, función que ya casi ni los santos cumplen porque son tantos y tan extraños que ya a nadie convencen.

En cambio una animita es un personaje más contemporáneo, más cercano a nuestra realidad social y que a la vez tuvo un trágico fin, mientras más trágico más milagroso, según la creencia que ya es parte del folclore religioso desde la llegada de los españoles.

Temuco tiene su milagrero famoso, el bandido Emilio Inostroza. Traiguén tiene el suyo en la imagen del injustamente fusilado bandolero Rafael Peña Carrillo, que transformado en leyenda resulta ser un justiciero para los que han sido humillados y que comentaremos las próximas semanas, porque este primer domingo de ánimas lo dedicaremos a recordar la trágica muerte de Raquelita, una niña que nadie sabe quién fue pero que hoy compite en concesión de favores hasta con el más famoso hacedor de milagros.

Raquel Parra, la Raquelita

La encontramos de casualidad en el patio 20 del cementerio de Victoria, en busca del sepulcro de algún famoso que nunca apareció. Desde lejos se podía apreciar la luminosidad de una tumba cubierta de placas y con velas permanentemente encendidas por manos piadosas y agradecidas de algún favor concedido.

Aquel día, una muchacha quedó sola y meditando con la cabeza apoyada en la gruta. “El favor que me concedió es un secreto de las dos que me hizo muy feliz. Y no es el primero porque cada favor que le pido lo cumple”, confiesa Viviana, con toda la fe por la gracia otorgada.

Cuenta la historia de la cual no hay registro que Raquelita era una niña de trece años que viajaba en el ferrocarril que unía las localidades de Selva Oscura y Púa. Por alguna extraña razón que permite imaginar al más malvado de los criminales, Raquelita fue encontrada muerta a orillas de la línea férrea cerca de la estación de Púa. Había sido violada y asesinada cruelmente.

De su origen y familiares nunca se supo por lo que su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio de Victoria, que entonces dependía del hospital local.

Luego, algún alma piadosa rescató sus restos y los depositó en una tumba que desde entonces permanece encendida de flores.

Es extraño, a pesar de que cuentan que su muerte se registró a principios del siglo pasado, la placa más antigua data del año 1968.

“Es que el angelito sufrió dos tragedias –relata el panteonero Luis Caamaño, con más de 40 años de oficio en este camposanto-. El primero fue su muerte horrible, y el segundo es que cuando ya estaba siendo adorada por todos y tenía una hermosa sepultura con una casita de madera, las flores secas ardieron con la llama de las velas y esto se convirtió en un infierno”.

Al propio panteonero le correspondió reconstruir la tumba, esta vez de cemento y con una gruta para proteger las velas.

“Todo esto se ha ido construyendo con la caridad de la gente. Una señora compró el terreno que estaba adelante y se amplió la losa. Otro compró las cerámicas y otro mandó a hacer jardineras”.

Todo lo anterior a contribuido a acrecentar la fe del trabajador que cree a pie firme en la efectividad de la animita, “cuando se le pide con fe”.

En la administración del cementerio, sólo consta en los registros la reinscripción de la tumba, sin fecha, bajo el nombre de Raquel Parra, la animita milagrosa que puede conceder hasta lo imposible, según se puede observar en las placas que muchas veces han caído y han vuelto a ser puestas por el panteonero Caamaño.