EL TONY “ZOQUETE” UN CHILENO EN LOS CIRCOS DEL MUNDO

Tony Zoquete


En tiempos normales ya los circos chilenos estarían abriendo la temporada, para entregar al público su espectáculo de risas y divertimentos. Lamentablemente la pandemia está retrasando todo, por eso, en esta oportunidad hemos querido entregarles parte de la historia de un chileno patiperro que lejos de la patria optó por convertirse en «tony», oficio que lo llevó a codearse con los mejores artistas circenses en las más famosas pistas de los circos del mundo.
Se llamaba Ángel Cendoya Morales, era chileno, capitalino, pero su alma de niño no deseaba otra cosa que salir a correr tierras. Era por allá por fines de los años treinta del siglo pasado y de un día para otro, se encontró haciendo dedo en el camino longitudinal. Iba con rumbo norte, sin más fortuna que su espíritu aventurero, comía y dormía donde le daban algo, hasta que finalmente logró entrar a la tierra del famoso “Sueño Americano”. Los Estados Unidos le recibió con los brazos abiertos; era un joven con ansias de labrarse un destino en esa tierra lejana, tiera de cowboys, tierra de emigrantes y allí comenzó a ver cumplidos sus sueños juveniles y de un día a otro se encontró integrando la Armada norteamericana.
Debido a la necesidad, el idioma inglés se le hizo fácil y logró tener buena comunicación y aceptación por parte de sus compañeros, tan jóvenes como él.
En los inicios de su carrera de marino, Estados Unidos se hace parte de la Segunda Guerra Mundial y nuestro amigo Cendoya es enviado al frente de batalla. Entre otras acciones bélicas estuvo en Filipinas y en la invasión de Normandía, lugares en los que debió luchar con bravura para mantenerse con vida.
Como buen chileno, siempre fue bueno para la talla, haciendo reir con sus gracias a sus compañeros en los descansos que le daban los combates. Así un buen día, un soldado le preguntó como le decían a los revoltosos en Chile y el contestó: “Zoquete”. Sólo eso bastó para que desde ese dia fuera el nombre por el que se haría conocido.
Terminada la guerra, Cendoya vio que el humor era lo suyo, lo había practicado a diario en lo de las rudezas de la guerra y más de una vez participó de los circos militares como “Tony”, y cuando fue licenciado ya sabía donde tenía que dirigirse. Así comenzó su carrera y “Zoquete” poco a poco se fue haciendo conocido de los empresarios circenses y del público.
Era un tony de la vieja escuela, por lo tanto adoptó un corbatin rojo que lo hizo destacarse de sus similares; además lucía una peluca con bastante frente, indumentaria que le daba cierta prestancia a su rostro alargado, lo que le hacía parecer más alto de lo que en realidad era.
Estaba en el país de las oportunidades y sus ansias de poder proyectarse en el ámbito circense le llevaron a participar en más de 60 películas ejecutando diversos roles, que si bien en cierto eran secundarios, o de extra, le permitiían mantener su vigencia pues aparecía en los créditos como cualquier actor.
De las películas circenses más conocidas, actuó en “El Espectáculo más Grande del Mundo”, dirigida por Cécil B. De Mille, en “El Circo de Tres Pistas” junto al conocido cómico y actor Jerry Lewis y en “Trapecio”, con el ídolo de entonces Burt Lancaster, con quien había sido compañero en el circo “Ringling Bros”.
Pero no sólo los Estados Unidos estaban en la ruta de “Zoquete”, también anduvo por las grandes ciudades de Europa, en circos que después de la guerra deseaban entregar una sonrisa de aprecio a todos los que habían sufrido los rigores de la última contienda mundial.
Otros tonys, ya conocidos en Chile salieron también al extranjero, pero sin duda “Zoquete”, por las características especiales en que saltó a las pistas, no deja de ser un caso especial en la historia del circo del mundo, por lo que bien vale un recuerdo de admiración en nuestras páginas.

Zoquete con una piel roja
Ángel Cendoya Morales
Zoquete con el tony norteamericano Emmet Kelly

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

Ver todas las entradas de Héctor Alarcón Carrasco →
A %d blogueros les gusta esto: