Soliloquio con Margarita Petunia

Bajo el sol mortecino, el viento entre los árboles danza su espiral de silencio y allá a lo lejos sobre los campos de Almagro, entreverada con el cielo, bajando de una nube difusa, aparece el simbolismo nostálgico, la verdad entremezclada con la tarde, una oda sonriente, cuyo rostro divaga sobre las cristalinas orillas del río; ¡es ella!, el nimbo de la pradera, la hermosura que enciende la colina. Margarita Petunia. Quién habrá sido ella?

En realidad no me interesa saberlo, sólo quiero recordar su cuerpo estrellado, el sin fin de su pelo, la delicada versatilidad de su piel; Oh! Margarita, o es que acaso Juvencio, sólo jugaba a conversar contigo sin siquiera conocerte? Sin saber de tus orígenes, sin tener tus caricias, sin sentir los acordes de tu voz infinita?

Margarita Petunia; qué nombre de princesa; qué de copihues y rosas has dejado mezclados entre voces y letras, de seguro tu nombre surgió de la espesa y densa selva del guardabosque, de la tronera extinguida, del solaz de la ladera; donde el poeta buscaba a diario tu presencia.

Pero Juvencio ha marchado; un murmullo de mieses sobre la pradera; hierve el Chol Chol violento, el silbo de los pájaros se entremezcla con el viento, nadie grita tu nombre, pero allí estás presente, en el fondo del bosque, en vestal soliloquio. Margarita Petunia.

Por la página abierta, por la herida sangrante, por el torvo cieno que espesa mallines, por allí va tu nombre buscando al poeta; que legó tu efigie y te hizo princesa.

Vagaré por el tiempo, siguiendo tu estela…..

Margarita Petunia… Margarita Petunia…..

ARAUCANÍA, año del Covid

                    

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

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