GUILLERMO CHAVEZ y los cuentos policiales de Tadeo Luna en: “Echame a mí la culpa”

Los aciertos del “Inspector  Valdés” 

En nuestro diario devenir policial han acontecido numerosos hechos en que nuestros criollos Sherlock Holmes, han tenido destacada participación. Desde los tiempos de la Sección de Seguridad, numerosos agentes de la policía dejaron huella con la detención de criminales, ladrones  y cuenteros, de la más extensa gama delincuencial. Eugenio Castro, Ventura Maturana y otros fueron nombres conocidos de detectives, en la primera mitad del siglo XX. Fruto de aquello nacieron también algunos personajes, apoyados en algunos de carne y hueso como “Román Calvo, el Sherlock Holmes chileno”, al que Miguel de Fuenzalida hacía brillar en la revista Pacífico Magazine allá por 1916, claro que tanto ese como otros personajes actuaban más por “cachativa”, que por medios científicos, producto propio de esa época.

En la literatura policial, bastante escasa por cierto en nuestra región, tenemos un personaje que se preocupa de solucionar todos aquellos crímenes y delitos que otros no pueden, se trata del Inspector Valdés, personaje de ficción mediante cuyas acciones Guillermo Chávez, el autor de “Echame a mí la culpa” (quién se “viste” con el seudónimo de “Tadeo Luna”), en una serie de cuentos bien hilvanados y donde queda de manifiesto su vena periodística, va descubriendo una serie de ilícitos y otros no tanto, que el detective se preocupa de dilucidar haciendo uso de la intuición y la perseverancia, sutilezas que le son propias y con las que logra excelentes resultados.

El Inspector Valdés es un policía retirado, que como algunos, mantiene una oficina, donde se le puede contratar para solucionar casos de vieja data policial o hacer seguimientos a personas cuya fidelidad no es muy intachable.

En su aspecto, sin ser desgarbado, se refleja su calidad de antiguo policía, sobre todo en su viejo macfarlán, que le acompaña en todas sus actividades, pues nuestra Araucanía suele ser un poco belicosa en esto del cambio del tiempo.

Valdés se mueve con cierta holgura por los caminos intrincados de la región, la que conoce desde que salió de la Escuela de Detectives, eso le permite indagar por diversos lugares, buscando siempre con cautela, con el fin de obtener los resultados que le permitan llegar a buen destino en sus investigaciones.            

En este sentido “Tadeo Luna”, ha hecho una buena selección del material, lo que produce interés por la lectura, interés que como en todas las novelas o cuentos policiales, no debe perderse, ya que cualquier palabra o frase puede contener una pista para llegar al resultado final.

La Araucanía, como otros lugares tiene también sus hechos que nunca han podido ser del todo aclarados y es allí donde “Tadeo Luna”, hace hurgar al Inspector Valdés, quien en una novedosa deducción de los sucesos, logra solucionar (sólo para los lectores) el oscuro caso del motel Real. ¿Serán cosas de Tadeo Luna, o acaso el Inspector Valdés que siendo policía tiene algo también de periodista, sabe algo más de este lúgubre asunto?

En síntesis, creo que “Tadeo Luna”, nos jugó una mala pasada al jubilar prematuramente en este libro al Inspector Valdés. Aventuras debe tener muchas más, que llevadas a la ficción bien podrían dar lugar a una nuevo libro, ya que esta edición corresponde al año 1994, el que fue editado por Ediciones Cagten.    

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

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