Heber Villarreal, el hombre que propició la parada del tren en Serodino

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El tren Retiro – Tucumán, hoy se detiene en Serodino gracias a Heber Villarreal

Serodino es una comuna del departamento de Iriondo, de la zona central Argentina. Su nombre viene del inmigrante suizo Pedro Alejo Serodino, quién viendo el potencial agrario de la región, se asentó en el lugar que, en esos años de 1886, era parte del ferrocarril, que ya comenzaba a inundar con sus vías y estaciones diversos sectores de la república. Lograr que el pueblo fuera destinado con una estación ferroviaria fue un paso importante para el pequeño poblado, que daba sustento a un puñado de colonos que veían en esas tierras el futuro de sus familias, de sus hijos. Con el correr de los años los serodinenses fueron parte del diario espectáculo de la salida y llegada de trenes, más bien de la pasada de convoyes por el lugar, que con el consumo de carbón y sus beligerantes locomotoras iban pidiendo paso por la enorme vastedad de la pampa.

Heber Villarreal, el hombre que propició la parada del tren

Pero en un momento los trenes dejaron de pasar; no hubo movimiento en la estación, que quedó solitaria, abandonada y los habitantes del pequeño poblado debieron emigrar a los caminos, las carreteras, buscando una opción diversa en buses y taxis para salir y llegar a sus hogares.

No obstante, de pronto el tren volvió por las suyas, pero Serodino quedó sólo como una vía de paso. Su estación no fue articulada y tampoco volvieron al trabajo quienes a diario debían velar por su mantención y el tráfico de pasajeros que debía fluir del poblado.

Heber Villarreal

Así nuestro amigo Heber Villarreal, a diario veía pasar a gran velocidad los trenes que iban y venían de Tucumán al centro del país, mirando con indiferencia la vieja estación que tantas veces recibía a los viajeros, pero que hoy abandonada, demostraba la tristeza de sus habitantes que querían contar con los beneficios que acarrea el transporte ferroviario. Cierto día en que el tren tuvo que hacer una parada obligada debido a un accidente, Heber se propuso que conseguiría de cualquier manera la legítima detención del tren en el poblado.

Su primera medida fue juntarse con otros personajes del lugar que tenían las mismas inquietudes y así nació la agrupación “Unidos por la vuelta del tren”, eso de volver un poco a la niñez, a sentir los vaivenes del tren y ver pasar el paisaje por las amplias ventanas del convoy en movimiento.

Muy pronto sus amigos trajeron a otros y el pasto y las basuras que se habían acumulado por años fueron despareciendo del lugar. Luego vino el proceso más serio: había que pintar la estación y hacer algunas reparaciones de los daños visibles; proyecto que se logró concretar con mucho aprecio, dedicación y esfuerzo y en cuyos detalles participaban alegremente los habitantes de Serodino.

Cuando ya todo estuvo terminado y era poco lo que tenía que solventar la empresa ferroviaria, se hizo la presentación oficial con el apoyo municipal y de otras autoridades, logrando finalmente que se ampliara el itinerario con parada permanente en Serodino.

Fue todo un espectáculo, ver gente con maletas, viajeros que abandonarían la ciudad en tren y otros que el mismo tren traía de regreso al poblado. Autoridades, periodistas y un enjambre de pobladores que querían ver la realidad del día con sus propios ojos; todo un acierto y ahí nuestro amigo Heber y sus compañeros del grupo “Unidos por la vuelta del tren”, vertiendo internamente más de una lágrima por el logro conseguido, todo con el fin de beneficiar a esos esforzados habitantes de un pueblo que les estará eternamente agradecido por el privilegio de tenerlos unidos y más que vecinos, amigos y familiares.

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

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