Personajes Populares, Patrimonio Popular Inmaterial de Villa Mirador de Volcanes de Lautaro

Son numerosos los oficios que se han transmitido de generación en generación y algunos nos son tan presentes que no les damos la importancia que se merecen. Generalmente son desempeñados por gente que conoció directamente del oficio, ya sea por un familiar que lo realizaba, o que por las necesidades de la vida vio en él una forma de ganarse el sustento diario.

En la Villa Mirador de Volcanes, de Lautaro, viven algunos de estos personajes que a diario nos están solucionando un problema comestible o están realizando alguna tarea propia de la ornamentación y el aseo de nuestras viviendas.

El mote con huesillos

El mote con huesillos se conoce desde tiempos coloniales y tanta ha sido su difusión que tiempo atrás se le denominaba “la bebida de Chile”. Su carácter vigorizante y refrescante, le hacen el preferido durante los meses de primavera y verano. El motero y el volantinero eran personajes conocidos en las plazas y lugares de esparcimiento y aunque este último ha perdido vigencia dando lugar a los volantines chinos, el motero no abandona su puesto de lucha y aunque el producto se vende envasado en algunos supermercados, todavía hay viejos cultores de esta ambrosía que producen el trigo blanco y el durazno convertido en huesillo por la acción del sol, que pega la pulpa al carozo y lo convierte en el sabroso ingrediente que da nombre a esta popular bebida nacional.

Rogelio Miranda, vendedor de mote con huesillos
Rogelio Miranda, vendedor de mote con huesillos

Desde hace varios años, en el bandejón del cruce ferroviario Ovando con el camino a Quillem, nuestro vecino Rogelio Miranda llega con su carro de mote con huesillos a expender esta deliciosa bebida. Sabemos que en su producción trata de conservar antiguas formas de elaborar el producto, que tienen que ver con sabor, frescura e higiene.

Y eso es lo que se transmite en los vasos en que el cliente recibe este exclusivo brebaje. Pero como no todo es ganar dinero, el año pasado le vimos dedicando un día para colaborar con la campaña de la “Teletón”, recaudación que entregó íntegra a la organización que trabajaba en la ciudad recolectando estos ingresos.

Lamentablemente esta actividad sólo dura unos meses al año, por lo que nuestro vecino desempeña también sus labores de electricista y reparaciones de viviendas, lo que le permite subsistir el tiempo restante.

El panadero

El pan ha sido declarado el producto comestible más consumido por los chilenos. Desde antiguo el panadero con su caballo y su canasto lleno de hogazas, con el candeal producto aun expeliendo vapor y ese olorcillo tan particular que lo caracteriza, recorría las calles de pueblos y ciudades, vendiendo su producción a caseras y transeúntes.

Se dice que la primera panadería apareció en Santiago en 1648, pero el pan vendido en forma ambulante no dejó de ser consumido por los capitalinos. Con los años vinieron los típicos carritos tirados por caballos, mediante los que las panaderías distribuían pan a puestos de venta de las afueras de la población.

Hoy en día, a pesar de haber muchas panaderías, el llamado “pan amasado” es vendido “voceado” por las calles de los barrios, donde la característica de su amasijo y cocimiento son materia de un acabado proceso y generalmente usando viejas recetas que cada vendedor imprime como un sello de calidad a su producto.

En nuestro barrio desde hace varios años esta actividad es realizada por el vecino Jorge Beltrán, quién al más puro estilo de los viejos tiempos, montado en su triciclo ofrece a sus clientes el rico pan amasado y las deliciosas sopaipillas.

Tampoco faltan en su oferta los panes dulces fritos, rellenos con la popular crema pastelera conocidos como “berlines”, munición de boca qué en la misma ciudad de Berlín recibe el nombre de “Berliner”, aunque su nombre completo es “Berliner Pfannkuchen” -que signfica “pastel tipo crepé Berlín”- pero su nombre corto es “Berliner” que se traduce al español como “berlinés” o “berlinesa”.

Deshollinador y cortador de pasto

La llegada del invierno es motivo de limpiar los cañones de las estufas o “combustión”, como se les llama, por el proceso de combustión interna que realizan, como una forma de colaborar con la limpieza del medio ambiente.

Esta labor fue desarrollada durante siglos en Europa como una profesión. En este trabajo colaboraban niños, que debían introducirse por ductos con muchas curvas, con el fin de dejar impecables los tubos de las chimeneas.

En nuestro país el “deshollinador” recibe el nombre de “limpiador de cañones”, pues ya casi no quedan chimeneas y no es una profesión de tiempo completo, pues la mayoría tiene otra actividad.

Es el oficio que desempeña en nuestra Villa “el chico Sandro”. Sandro Alarcón Coloma es un vecino de pequeña estatura que lo mismo puede pintar una casa o hacer un patio de cemento, pero en invierno gran parte de sus requerimientos son para limpiar los tubos de las combustiones. Es allí donde el chico Sandro desempeña sus mejores oficios. Si el tubo es muy largo y la escalera no alcanza, Sandro se impulsa cual mono por el tubo hasta llegar a la cima para realizar su trabajo.  

Natural de Purén en la provincia de Malleco, Sandro llegó a vivir a la villa hace unos 15 años “cuando esto se estaba construyendo”, nos dice y de ahí empezó a hacer trabajos de construcción, pinturas, limpieza de cañones y todo lo relacionado con trabajos caseros, que el desempeña de acuerdo a los pedidos de los vecinos.

La Chela, cortadora de pasto

La Chelita como también le llaman, es hija de Sandro. Con alguna deficiencia para expresarse, lo que no le impide recorrer a diario las casas de la villa, buscando jardines para cortar el césped. En su labor generalmente lo hacía acompañada de varios perros que le ayudaban a cuidar sus materiales que transportaba en un triciclo. Allí ella se desenvolvía con todo esmero por dejar en la mejor forma la presentación de prados y jardines.

Hoy en día, padre e hija se movilizan en un furgón en el que las herramientas ocupan gran parte del espacio. Sandro nos cuenta qué a pesar de haberse ido a vivir al campo, es continuamente requerido por los vecinos, quienes a diario preguntan por las redes sociales sobre su presencia en la villa para encargarle algunos trabajos. Para quienes lo necesiten a él o la Chelita, nos encarga dar su celular: +56 9 3174 1183.

Como una forma de colaborar con el Dia del Patrimonio, hemos preparado esta crónica sobre personajes de nuestra vida diaria, quienes mediante sus actividades están siempre presentes, aportando su grano de arena como parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de nuestra villa.   

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

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