Pueblos perdidos de Chile : Villa Quilquén en la Araucanía

Hoy en día se le conoce como “Villa Quilquén” y es un pequeño poblado que queda a unos 20 kilometros de Traiguén, por el camino a Los Sauces, internándose por un desvío al sur; en la Provincia de Malleco. Su nombre viene del fundo contiguo; el mismo que se dio a la estación de ferrocarriles, todavía en pie, pues perteneció al antiguo ramal Renaico – Traiguén.

Este ramal, conocido en un principio como Angol a Traiguén fue licitado por la sociedad de Esteban Horacio Mayers y Carlos Fletcher Hillman, quienes construyeron las vías que permitieron la llegada del primer tren a Quilquén el 13 de febrero de 1888.

La estación, además de ser parada de todos los trenes que entraban al ramal, prestaba también el servicio de Correo, oficina importante para el desarrollo comercial y social de la época.

Por esos años la firma de don Emilio Rosemberg e Hijos, era propietaria de dos fundos: Quilquén de 3.800 héctareas y Santa Clara de 2.500. Quilquén se dedicaba a la siembra de trigo en gran escala, no olvidemos que a fines del siglo XIX y principios del XX, la zona de Traiguén fue conocida como “el granero de Chile”. Para los cultivos se utilizaban arados Sack, y sembradoras Eckert, alemanes y motores Ransomes, ingleses. Se sembraban cinco clases de trigo: linaza, americano, blanco, goltro y chino. Para la siega, emparva y trilla se utilizaban máquinas Hodges. El fundo contaba también con unas 300.000 plantas de viña, que producían vinos de regular calidad en las variedades Cabernet, Cabernet Pinot, Cate Rouge y uva romana.

Santa Clara, en cambio, con 25 potreros,  estaba dedicado a la crianza de ganado lanar, vacunos mestizos y siembra de cereales. La ovejería contaba con razas Rambonullet y Lincoln Southdown, en tanto en vacunos estaban los Durham y Shorthorn, ademas de caballares de las razas Cleveland y Árabe.    

Se presume que el poblado nacio y creció a la vera de la estación ferroviaria, como sucedió en muchos otros casos. El año 1909, la villa ya contaba con 440 habitantes. La mayoría obreros y empleados del fundo Quilquén. La mano de obra agrícola era barata en aquella época, por lo tanto muchas veces los fundos tenían doscientos o más obreros para sus faenas, aparte de los que llegaban para los diversos trabajos en tiempo de cosecha.

La pérdida del ferrocarril fue una dura medida para esta Villa, pues de la noche a la mañana se vieron impedidos de poder viajar a cualquiera de los destinos que les ofrecía el tren, tanto para ir a Traiguén, como para desplazarse directamente a Santiago.

Estacion Quilquen
Estación de Quilquén

De paso por el lugar, entrevistamos a don Carlos Mora Retamal, 65 años, quien nos da algunas indicaciones pues vive allí desde pequeño. Recuerda que aparte del edificio de la estación ferroviaria, había otras grandes bodegas de Williamson Balfour y Cía. y Duncan Fox y Cia., de las que una de ellas, de inmenso tamaño, todavía se mantiene en pie en la vecina estación de Trigal. Según nos relata nuestro amigo, durante las cosechas estas bodegas se llenaban con miles de sacos de trigo, los que eran despachado al norte por ferrocarril. Igual cosa acontecía con los vacunos y lanares que se producían en el fundo Quilquén y los alrededores.

Carlos Mora Retamal
Carlos Mora Retamal, antiguo poblador de Quilquén

Hoy el pequeño y desconocido poblado, por estar en una ruta interior, es conocido como “Villa Quilquén”; consta de una sola calle pavimentada y otra más corta, paralela. Posee iglesias para el culto católico y evangélico, una flamante Compañía de Bomberos, que depende del Cuerpo de Bomberos de Traiguén, Escuela Básica, Retén de Carabineros y una singular plaza, según se aprecia en las fotografías.      

Como en muchas localidades, la vida transcurre en forma lenta, todavía no existe un sistema de transporte permanente y sólo un pequeño furgón hace recorridos algunos días de la semana a Traiguén. No es menos cierto que gran parte de los residentes posee al menos un vehículo hoy en día, lo que favorece el traslado a la ciudad, ahorrando tiempo pues teniendo un vehículo propio no se está sometido a horario.   

Los Descansos

Impresiona al viajero que llega por primera vez al poblado, ver al costado izquierdo de la calle, frente al cuartel de Bomberos, una serie de de pequeñas casetas, de aquellas demostraciones populares conocidas como “animitas” que generalmente rememoran una tragedia. Luego salimos de nuestras dudas. Según nos explica gentilmente don Carlos, sólo se trata de “descansos”, otra variación de los ritos funerarios de nuestro pueblo. En este caso, al igual que lo hacen los mapuches, cuando fallece una persona, se le lleva hasta ese lugar, se coloca la urna en el piso en señal de descanso y más tarde se levanta una caseta de concreto, o se coloca una simple cruz, donde se anotan los datos del fallecido; según don Carlos, todo eso acontece porque nunca la Villa ha tenido terreno para hacer un cementerio y por eso todos los fallecidos son sepultados en el de Traiguén.

martires de carabineros de quilquen
Animitas o descansos de Quilquén

Entre una veintena de ellos, se encuentran los de dos carabineros que en su tiempo fueron declarados Mártires de la Institución, por haber dado la vida en un acto del servicio. Se trata del Cabo 1° Manuel Tejo Garrido y el Carabinero Benjamín Henríquez Quezada, ambos de dotación de la 3ª Comisaría Traiguén, quienes cumplían servicios en el Retén Quilquén.

El día 17 de agosto de 1941, mientras procedían a ingresar por robo al detenido Carlos Díaz Díaz, este sacó un revolver y disparó contra el carabinero Henríquez, hiriéndolo mortalmente y dándose a la fuga del lugar. Posteriormente mientras era perseguido por el cabo Tejo; Díaz le disparó a quemarropa, matándolo también y quitándole la carabina que portaba.

Según crónicas de la época, horas más tarde, mientras era perseguido por Carabineros de Traiguén, fue encontrado en los alrededores del puente negro por el carabinero Alejandro Sanhueza, con quien Díaz mantuvo un tiroteo. Como resultado de aquel enfrentamiento Sanhueza resultó herido en una mano, siendo Díaz abatido por las balas del carabinero.

Esa es parte de la historia de este pequeño poblado, que como muchos, son desconocidos para la mayoría de la gente por no estar en las rutas mayormente transitadas y como hemos podido demostrar, Quilquén es un puebo perdido en los pliegues agrícolas de La Araucanía, no obstante, como cualquier otro villorrio tiene alguna historia que contar, como en este caso sobre la agricultura, el ferrocarril y los carabineros.         

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

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