Los cochayuyeros de Tirúa

Escribe: Luis Valenzuela Castillo

Amigos, me arranqué a ver a mis viejos lindos a Temuco. Cuatro días de lluvia me anduvieron remojando los recuerdos, pero me las ingenié para conseguir algunas vistas que comparto con Ustedes.

Estos campesinos Mapuches, todos los años recolectan y secan cochayuyo, un alga comestible abundante en las costas de Cautín y Arauco, desde los alrededores de Tirúa emprenden un largo viaje de más o menos 150 kms. hacia Temuco, para vender el cochayuyo en esos ataditos tan únicos como Uds. pueden ver en las carretas.

Es un largo camino, semanas de viaje con toda la familia y las mascotas perrunas a la rastra, haciendo campamento donde los pilla la noche. Cuando niño, en mi barrio “Pueblo Nuevo”, me fascinaba mirar las largas filas de carretas cargadas hasta más no poder con este producto, entraban por los arrabales de Temuco ofreciendo a viva voz el cochayuyo y sus otros productos. En ellas viajaba toda la familia, mujeres y niños, estos últimos sentados en la parte trasera de las carretas  miraban extasiados la ciudad con su bullente actividad, sus calles adoquinadas y sus micros atestadas de gente. Calles de innumerables casas con tejados de madera pintados en verde musgo por las lluvias del invierno se sucedían unas a otras, en un abanico de colores y formas que por primera vez sus ojos tenían la oportunidad de conocer y observar.

Debe haber sido muy duro tantos días de viaje para estos esforzados hombres y sus familias, eso me hacía pensar en sus sufrimientos y pesares y sentir una extraña sensación en mi interior. Pero hoy, creo que en ellos era más fuerte la visión de conocer un mundo nuevo, extraño, inalcanzable, que se habría en infinitas y diferentes imágenes ante sus extasiados ojos. Distinto al prístino e inmaculado paisaje campesino que les había visto nacer y crecer.

 

 

 

 

Héctor Alarcón Carrasco

Escritor e investigador. Especialista en Historia Aeronáutica y Ferroviaria. Autor de diversos libros.

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